lunes, 28 de febrero de 2011

Erika

Mientras vas diciéndome todo con tu mirada,
Voy jugando con tus cabellos ensortijados.
Tu complicidad y la mía son dos anillos,
Que van ceñidos en silencio en nuestras manos.

Ahora me vas sonriendo y me buscas con tus labios
en el camino en donde siempre nos encontramos.
Rodeo tu cuerpo ágil y delgado, recorriendo
los senderos en tu piel que el tiempo no ha borrado.

Vas devorando mi boca a costa de la tuya
con tus labios diestros en las artes amatorias.
Pero no importa, ya estoy preparado para esto.
En sigilo me entregas tus labios de amapola…

En estas caricias no hay quien ceda primero,
porque vas arremetiendo contra mí de nuevo.
Pero esta vez es tenaz y me doy por vencido.
porque sé que esto es sólo un poco más que el comienzo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Silvia

Aquí y ahora es cuando todas las luces se apagan
cierras tus ojos y parece que no has dormido.
Al final de los dos eres tú ahora quien se queda,
la soledad se disfruta mejor si es contigo.

Duermes. Tu cuerpo se ha acurrucado junto al mío.
El viento sopla y arremolina hojas afuera.
Allí la gente va con prisa, es que está lloviendo;
las voces llegan a través del vidrio disueltas.

De pronto la lluvia comienza a arreciar con fuerza;
pero tú duermes y tu semblante está tranquilo.
De algún lugar de la habitación mana un perfume
del cual con el tiempo, creo, me he vuelto un adicto.

Afuera sigue soplando el viento, quiere entrar.
Pero mientras estés dormida guardo vigilia,
sólo para espantar los malos sueños que tengas.
Arde la mañana y empieza de nuevo el día.

jueves, 24 de febrero de 2011

Angela

A la Manitos, porque le gustan mis poemas.

De entre absolutamente todo lo que tenía
eras la única que traía la flor y el canto.
La flor pequeña que creció sabiendo tu nombre,
y el canto alegre tuyo que extraño tanto.

Pequeña, así como eras ante ti sucumbí
más rápido de lo que tenía planeado.
El tiempo fue pasando en tramos irregulares,
hasta que decidiste por quedarte a mi lado.

Fue cuando entonces dispuse mi mundo en tus manos
sabiendo aún que sería una carga pesada.
Pero lentamente esta se hizo muy abrumante
y al no poder con él dijiste que te marchabas.

Aún hoy canto y llamo tu nombre por vez última,
todavía me quedan cosas que no te he dicho.
Me siento y las horas van pasando una tras otra.
Llega la noche y no entiendo como te he perdido.

Marcela

Eres como la mañana: llegas en silencio.
Y estás aquí, no me di cuenta de tu llegada.
Parece que hoy también olvidé que vendrías,
y en tu rostro llevas una sonrisa plasmada.

Me sorprende que aún permanezcas conmigo,
cuando mi alma rebelde viene causando estragos.
Pero aquí permanecemos a pesar de todo,
por razones que hace tiempo hemos ido olvidando.

Recuerdo que antes no era nada más que yo mismo,
por eso temo que se escape de nuestras manos.
Pero tú no has venido sino para quedarte
y ya no me atrevo a apartarte de mi lado.

Es por eso que te amo y ahora estoy cantando,
la brisa está llevando mi canto a tus oídos.
En tus palmas escribiré mi nombre y el tuyo,
y ya casi está acabado, ya casi está listo...

Andrea

Amor, que duda no te quepa alguna
eres el dulce vivo vino añejo.
Mientras otro año por tu rostro cruza
más hermosa ante mis ojos te encuentro.

De mis viñedos fuiste la escogida,
de entre todas eres la más hermosa.
Mi alma de ti ahora se regocija,
sólo es por ti que rebosa mi copa.

Entre mis manos exprimí tu vida
te separé para mí de entre todas.
Por ti he esperado toda mi vida
no hay quien me separe de ti ahora.

Vino añejo, te has impregnado en mi alma
y en mi cuerpo, tu aroma es el de siempre.
Con un poco de ti mi alma se sacia
y ya no tengo miedo de perderte.

Vorágine

Gabriel no había dormido bien durante la noche. Se había levantado incontables veces para ir al baño porque sufría de una enfermedad muy rara que le habían diagnosticado cuando era adolescente. Mientras se daba cuenta de donde estaba sintió una punzada en la zona de la vejiga por lo que se sentó al borde de la cama con los codos apoyados sobre sus piernas mientras se restregaba los ojos con las palmas de sus manos. Era la estación más calurosa del año en esa parte del hemisferio así que estaba más que justificado que durmiese desnudo. Prendió la lámpara que se encontraba al lado de su cama y miró el reloj digital que su madre le había regalado en uno de sus cumpleaños. Eran las cuatro y trece. Al lado del reloj se encontraba una fotografía, vieja y doblada, de él con tres personas más. Lo interesante de esta fotografía era que estaba en blanco y negro, a pesar de que la fotografía a color se había inventado muchos años antes de su nacimiento. También había unas viejas monedas apiladas una encima de otras, un reloj de pulsera, un frasco con medicinas y un libro de pasta negra con un papelito que señalaba el lugar donde se había dejado la lectura la noche anterior. Lo más curioso de este libro era que había sido pasado de generación en generación desde su bisabuelo. Se trataba de un ejemplar de Fausto, en su idioma original y con ilustraciones a mano hechas del primer dueño; era también lo más preciado que tenía en ese momento, además de su vida misma. Gabriel se estaba terminando de despertar cuando de pronto el fluorescente de la lámpara se apagó. Era de esperarse. Desde hacía 15 años que había salido de la fábrica y nunca había presentado problemas, hasta la mañana anterior que no quería prender como de costumbre. Él no era supersticioso pero supo de inmediato que se trataba de un mal presagio. “A lo mejor hoy me llega el día y por fin alguien me pega un plomo en la cabeza o estalla una bomba aquí mismo.” – pensaba. Pero no era eso lo que había de acontecerle a él. Sintió de nuevo las punzadas en el vientre de modo que optó por ponerse ropa interior y caminar con dirección al baño. Al abrir la puerta, por alguna extraña razón que escapa nuestro conocimiento, sintió frío y recordó la primera vez que vio un muerto en la universidad hace ya más de 7 años atrás. Era esa misma aura frívola y sombría que nunca habría de olvidar mientras siguiera con vida. No sabía si debía tomarlo como un augurio de lo que habría de acontecer ese día.

El pasillo estaba desordenado y había un montón de cajas viejas y vacías de las que nadie sabía cómo habían aparecido allí de la noche a la mañana, o al revés. Por más que las habían cambiado de lugar, y hasta botado de la casa, siempre aparecían de nuevo allí a pesar de los mejores esfuerzos de todo el mundo. Una vez alguien había intentado quemarlas pero lo único que se pudo conseguir fue gastar combustible y casi quemar la casa por la cantidad usada, de modo que se convino dejarlas allí ya que no había otra solución para ellas. Habían venido para quedarse hasta nadie sabe cuándo. Otro hecho curioso era que nadie nunca había conseguido abrir una de ellas. Estaban hechas de cartón y cerradas con cinta adhesiva e incluso tenían agujeros en los costados para levantarlas, pero cuando alguien quiso mirar en su interior con una linterna por esos agujeros no se pudo ver más que una inmensa negrura. A Gabriel le gustaban esas cajas, a pesar de todo, pues tenían unos dibujos extraños en las caras laterales parecidos a jeroglíficos del antiguo Egipto, lo que le hacía recordar aquellas interminables tardes en la biblioteca del abuelo cuando era niño. Allí fue que descubrió el Fausto que estaba en su mesita de noche y supo que algún día él sería el dueño. Siempre que él cruzaba al lado de las cajas se parecía escuchar voces o cantos dependiendo de la hora y la fecha, pero para otras personas esos sonidos eran imperceptibles, por lo que decidió dejar de hablar de ello.

Una vez que llegó a la puerta del baño, por alguna razón extraña que nuevamente escapa nuestro conocimiento, se le erizaron los pelos de la nuca y en ese momento supo que algo andaba mal. Cuando abrió la puerta terminó de convencerse de que ese mismo día había ocurrido, o ocurriría, algún hecho funesto. Al lado del inodoro, en posición fetal, se encontraba un esqueleto cubierto por telarañas. Gabriel se sorprendió en gran manera. Trémulo y temeroso, se acercó al esqueleto y, como todo ser humano haría, lo tocó. El esqueleto se hizo polvo inmediatamente y, de las telarañas, se empezaron a formar capullos grises de donde al rato salieron unas mariposas anaranjadas que llenaron toda la estancia. De pronto una por una empezó a marchitarse y, mientras caían, eran consumidas por un fuego que brotaba de cada una de ellas hasta quedar reducidas a cenizas. Él sólo se limitó a contemplar aquel espectáculo, que sus ojos no querían ver, mientras se acurrucaba en un rincón del baño. Mientras las mariposas iban desapareciendo la luz titilaba prendiéndose y apagándose en intervalos muy irregulares confiriéndole un efecto hipnótico a todo el espectáculo. Cuando desapareció la última de ellas, gritó con todas sus fuerzas hasta que se quedó sin aliento. Se quedó mirando, encogido, sujetándose las piernas, el lugar donde hacía unos instantes estaba el esqueleto, con unos ojos inyectados de sangre y desorbitados. En ese estado lo encontraron sus hombres cuando llegaron atraídos por el grito. Nadie sabía lo que había acontecido salvo él; nadie entendía el por qué de su llanto, salvo él. Cuando consiguieron que se ponga de pie, se desmayó. Lo sacaron semidesnudo con dirección al centro médico y, mientras lo llevaban, seguían barajando ciertas hipótesis de lo que había pasado. Pero nadie más que Gabriel sabía lo que el sí: y era que su madre había muerto.

Elise

Se cierra el círculo.

Rindo tributo a ti mujer, por ser lo que fuiste,
por rescatarme de mi alma triste y solitaria.
Porque creíste en mí cuando ya no era nada
cuando todos no hacían más que darme la espalda.

A ti mujer, porque a pesar de todo me amaste
cuando pudiste no hacerlo y darte por vencida.
Por eso es que cuando llega la noche eres mi anhelo
y solo puedo recordarte con alegría.

Cuando mis fuerzas flaqueaban, allí estabas tú,
siempre a mi lado, como en mis sueños, peregrina.
Fuiste la torre en la que yacía mi esperanza,
mujer... no sé cuánto me dolerá tu partida.

Ahora ya puedes marcharte con el alba, y dejarme
en esta soledad de la que fuimos culpables.
No te despidas, no me dejes ningún recuerdo,
no sea que al despertar por la mañana te extrañe...

Me río de Janeiro (Un poco de prólogo)

Sexy Halloween. La excusa perfecta para hacerme salir de mi santuario.

-¡Flacas de primera! – me promete Alonso.
-No tengo ganas. Acuérdense que tenemos examen de matemática dos días después.
-¿Y qué? Total tú eres un chancón de primera. Tú no necesitas ayuda. Pablo, Alonso y yo sí. –dice David.
-No jodas. Tú eres el menos indicado para hablar. Sacaste 18 en el último parcial de química mientras nosotros le rogábamos al profesor que nos regalase, aunque sea, medio puntito.
-¿Y qué? Por un capricho de la vida…
-Blah, blah… -digo, ya me sabía esa historia.
-…soy más inteligente que ustedes 3 juntos en ciencias. Es genética. Culpen a sus padres.
-O simplemente pueden cagarse en la tumba de Mendel hasta hacer un mausoleo de mierda.
-¡Eh! Aguanta tu coche: yo amé biología en el colegio. Más respeto, por favor. – dice Pablo.
-Eso no explica tus bajas notas en el curso…
-Simplemente el profesor me agarró bronca porque me escuchó decir que su libro era una cochinada. Simplemente uno no se puede llevar bien con Dios y con el Diablo.
-¿Y quién es Dios? - pregunto

Mejor dicho una diosa. Y es que Pablo pensaba en Saskia, su profesora de biología que vino de Alemania por un azar de la vida. Dice que lo que le enseño le bastaría para llenar 3 tratados de biología. Unos dicen por ahí que sólo hacía las tareas para que lo felicite, explícitamente, ella. Hasta ahora nadie sabe como aprendió a hablar alemán en menos de un mes.

-Olvídalo.
-Seguimos sin entender tus bajas notas en biología. –le recuerdo

Un día la profesora no apareció más y sólo se supo de su renuncia cuando un día llegó un sobre a la dirección del colegio. Lo extraño fue que la policía llegó a ir e interrogó al plantel de docentes sobre su relación con Saskia. Las hipótesis que se barajaban eran muy numerosas, tales como que su visa había vencido, su madre se enfermó y tuvo que regresar para cuidarla, se había hartado del colegio y un buen día me marchó, hasta aquellas inverosímiles como que lavaba dinero para una mafia alemana o que su padre había pertenecido a las Schutzstaffel. Al oír esto último fue a buscar a la persona que dijo eso para desinflar las llantas de su auto por una semana. Habría llegado a más pero, al igual que la calma después de la tormenta, a veces el raciocinio llega después de la ira. Tenía planeado hacer muchas cosas más tales como: tirar excremento a la ventana de su cuarto, dibujar una esvástica o sencillamente envenenar al perro de la persona en cuestión. Lo que pasa es que es muy mal visto, en Alemania, que te relacionen con las SS y Pablo sabía esto. Desde su partida, él alentaría a Alemania en todos los mundiales y admiraría todo lo alemán con excepción a lo ya mencionado.

-No diré nada hasta que aceptes venir con nosotros.-respondió escuetamente Pablo.
-Sí-dice David- ya es hora de que dejes de estar llorando como una perra.
-Nunca tienes ganas de nada. Si sigues así algún día te dará pereza incluso de caminar.-se burló Alonso. -¡Qué ganas de joder la tuya!
-¿No te interesaría levantarte a una flaquita, esas buenazas, de Miraflores? Simplemente tienes que hacer la técnica de la grulla 1-2-3 y… magia. –dice Alonso.
-Tú ya quemaste, brother. Seguro tú has tenido miles de flacas, ¿verdad? –le respondo

La verdad es que Alonso nunca había estado con una chica. Era un secreto entre nosotros pero a veces, sólo a veces, lo batíamos hasta que se ponía colorado y apretaba los puños.

-Ya verás, ya verás. Desde que me suscribí al curso de Charles Atlas por correo he empezado a sacar músculos.
-Músculos en la mano porque tú nunca planeas dejarla, ¿no? –me río junto con los demás.
-Y hasta pelos también. –remata David.
-Ya, ya. Dejen de joder.

Finalmente acepto. La verdad es que me gustaría ir, despejar la mente siempre es bueno, sobretodo antes de un examen. Sacando la cuenta me queda mediodía para estudiar puesto que siempre estudio un día antes, o de ser posible el mismo día, del examen. No sé si, por algún azar del destino o un capricho de este, siempre que estudio con anticipación mis calificaciones no son tan buenas en comparación a cuando estudio la noche anterior o en la mañana misma. Por eso me río cuando David dice que soy un chancón. Cosas de la vida.

Así que ahora convencido por mis amigos tendré que preparar mi mejor pinta. No soy tan misántropo como se estarán imaginando. Esos terminan siendo asesinos seriales o psicópatas que se encierran y luego terminan encerrados en un manicomio. Yo prefiero el apelativo de “reservado” me permite ser discreto y pasar inadvertido. Quedamos en quien iba a la casa de quien a recoger y nos despedimos.

¡Hasta el sábado!

Lorena

A Lorena, obviamente.

Llegas ante mí, vestida de la primavera,
dueña del mundo, a mi alcoba todas las mañanas.
Me despiertas con una de tus caricias de antes,
llena de perfumes, olor a tierra mojada.

Llegas radiante y el sol se va esforzando en vano,
eres tú quien se lleva las penas y el invierno.
Me traes un puñado de tus besos en tus labios
y siempre estás más hermosa cada vez que te veo

¡Ah mujer! Yo te amé con la fuerza de los hombres
pues tu piel calmaba mi pasión desenfrenada.
Amé tu vida mucho más que a la mía propia,
porque en ti estaba el fragmento faltante de mi alma.

Ahora preguntas la razón por la que escribo esto,
si estás lejana y ya no nos hemos encontrado.
Escucha para que veas el por qué de lo que hago:
y la única sencilla razón es porque te amo.

Oda al papel higiénico

Papel higiénico
de color étnico.
Ligero y esponjoso
eres mi amigoso.

Útil en mis necesidades
una de tus utilidades.
Cuando más te necesito
siempre estás listo.

De diferentes marcas
pero al final todas se manchan.
De diferentes colores
y diferentes sabores.

Cuando te paso
te quedas raso.
Tu te mojas
pero no te esponjas.

Por eso y mucho más
no te alejes de mí jamás.

Amigo y tesoro
acabas en el inodoro.
Pasas al olvido
pero siempre serás bienvenido.

Nocturna

Desperté y soñé que habías vuelto
a despertarme con tu labios
con la noticia del amanecer.
Me abrazas.

Desperté y soné que era de mañana
me abrazas y yo te abrazaba.
Mas no era yo quien te abrazaba.
Y era feliz. Y era feliz.

Soné que era de mañana cuando me despertaste
me abrazaste y a la misma vez
tampoco eras tú quien me abrazaba.
Y era feliz. Y era feliz.

Abro los ojos y nadie me abraza,
sólo tu recuerdo en la nada
y tu perfume en el alba,
los vuelvo a cerrar.

Arrebato

A Lorena, por su apoyo leal e incondicional.

Bonita, entre tus labios llevas el sol poniente
y cuando sonríes veo a la luna brillando.
Tu piel es la noche que hace oscuro a lo que es blanco
pero en ti todo lo que es oscuro lo haces claro.

Bonita, eres árbol que cae talado en mis brazos
y tus cabellos se desparraman en mi pecho
así como las hojas al llegar el otoño
son arrastradas oscuras, sin más, por el viento.

Bonita, tú eres mi despertar por las mañanas.
La tierra en ti ha impregnado todas sus fragancias.
Hoy hueles a jazmines y también a rosales.
Tu perfume hace círculos y baila en la estancia.

Bonita, si andar en soledad es estar solo
entonces contigo no es más que la plenitud.
Y aprendí con el tiempo que uno mismo somos
no hay duda que el arjé* de las cosas eres tú.

*arjé: El origen, el principio. Término usado el filosofía

Otoño

Mientras escriba para ti en otoño
me alejaré de ti solo por ahora.
Te miraré desde lejos de reojo
veré como el viento tus labios toca.

Mientras escriba para ti en otoño
las aves marcharán hacia el sur.
Se irán y cuando permanezca solo
notaré el vacío que llenabas tú.

Mientras escriba para ti en otoño
estaré en silencio a ver si llegas
refugiándome en vicios ponzoñosos
preguntándome por qué no regresas.

Mientras escriba para ti en otoño
me marchitaré al igual que las hojas.
Iré muriendo despacio, de a pocos
cada vez más, mientras más te demoras.

Mientras escriba para ti en otoño
no podré ponerle fin a este verso.
Al buscarme no encontrarás mi rostro
y la razón será porque estoy muerto.

Frenesí

Yo, te invento un verso sin rima al alba
que roba la fuerza del sol, su brillo.
y se yergue con la frente bien alta
bordada de fulgurante oro fino.

Yo, que compongo las notas de lluvia
te escribo versos bañados en sangre.
La sangre mía en pago a tu ternura
reza oración, plegaria incesante.

Yo, acallo la tempestad en segundos
pues busco la paz en tu apacible rostro.
Mi mano alzada hace callar al mundo
y al regresar la calma estamos solos.

Yo, que hago levantar al sol temprano
busco despertarte por las mañanas.
Toco tu piel pálida con sus rayos
mientras abres tus ojos y me abrazas.

Te escribo un verso sentado en la orilla
esperando que te traiga la marea.
Te daré un abrazo con estas líneas
y un beso cuando acabes este poema.