miércoles, 3 de agosto de 2011

Berenice

Antes de ti, mujer, todo no era más que nada,
el silencio poblaba mi tierra solitaria.
En medio del páramo erigí mi morada
a vista de todos, mas todo fue para nada.

Antes de ti, mujer, tu recuerdo discurría
soberano por mis calles desiertas, silentes.
Fue allí que escuché decir a tu boca de risa,
alguna vez, tu nombre, como un susurro alegre.

Antes de ti, mujer, no estaba listo para esto.
Creo que nada nunca alguna vez pudo haberlo hecho.
Solo tú y tu cercanía, de día y de noche
y tus brazos dadivosos de amor y de afecto.

Antes de ti, mujer, no tenía nombre propio.
la vida me sabía a un matiz de color ocre.
Mas fue gracias a ti que empezó esta travesía
donde caímos y es la que hoy lleva tu nombre.

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