Aquí y ahora es cuando todas las luces se apagan
cierras tus ojos y parece que no has dormido.
Al final de los dos eres tú ahora quien se queda,
la soledad se disfruta mejor si es contigo.
Duermes. Tu cuerpo se ha acurrucado junto al mío.
El viento sopla y arremolina hojas afuera.
Allí la gente va con prisa, es que está lloviendo;
las voces llegan a través del vidrio disueltas.
De pronto la lluvia comienza a arreciar con fuerza;
pero tú duermes y tu semblante está tranquilo.
De algún lugar de la habitación mana un perfume
del cual con el tiempo, creo, me he vuelto un adicto.
Afuera sigue soplando el viento, quiere entrar.
Pero mientras estés dormida guardo vigilia,
sólo para espantar los malos sueños que tengas.
Arde la mañana y empieza de nuevo el día.

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