domingo, 19 de agosto de 2012

Mía

Cuando te conocí, recuerdo que parecías
el final rayo de sol del verano postrero.
El último que abracé, antes de todo, antes que nada
antes de que el otoño fuera a instalarse en mi alma.

Recuerdo que todavía solías usar mi nombre
pues yo encontraba el tuyo sobre las flores en la mañana.
Así te amé un día cuando posé sobre ti mi mirada
tanto como cuando regabas mi boca con tus labios escarlata.

De tus abrazos recogí hasta la última migaja, para el camino,
el que, sobre todo hoy, está lleno más que nunca de tu ausencia.
Y como contra ti ninguna derrota me ha afligido como esta
erigiré aquí tu recuerdo de la siguiente manera:

Tejiendo redes con tus memorias que echaré al mar
sentado en la ribera esperando, pies descalzos en la arena
susurrando el significado de tu nombre en un estruendo mudo
porque a ti no pude amarte de otra forma que no fuera esta.