viernes, 10 de junio de 2011

Cecilia

Mujer de hambre y sed, en tus huertos voy a saciarme.
Tu cuerpo fecundo de leche y miel infinitos
es el que no olvido y el que no deja mis labios.
Vengo a confesar que sólo tú me has abatido

Mujer de mirada profunda y pocas palabras,
nunca dijiste tanto con el silencio tuyo.
Y en esas palabras que callamos, somos cómplices,
igual que cuando me amas y no somos más que uno.

Mujer, paloma blanca de alas de libertad
has traído para mí un poco de esta en tus manos.
Es gracias a esa libertad que soy libre
y es desde donde te escribo y desde donde te amo.

Mujer, la última mujer en la faz de la tierra,
tan última como el dolor y angustia que enfrento.
Aun así he salido a buscarte esperanzado
de encontrarte mía a pesar de todo este tiempo.